A la masonería actual se la conoce históricamente como especulativa y sus orígenes han quedado oscuros por largo tiempo. Se pensaba que la institución había podido surgir en Inglaterra hacia 1717, pero los trabajos históricos permiten afirmar hoy que los fundamentos de la francmasonería moderna se sitúan en torno al año 1600, en Escocia, dentro de las logias de canteros que ya mantenían reuniones rituales.

Otras teorías, sin base histórica, han querido ver a la masonería como la sociedad que conserva el cordón umbilical de las escuelas iniciáticas de la antigüedad. Lo que sí está reconocido y se puede afirmar es que los primeros rituales de la masonería son una mezcla de elementos medievales con influencias renacentistas, que posteriormente cobraron su forma definitiva bajo la influencia de la Ilustración. En la Edad Media, los constructores de catedrales se organizaron y formaron un gremio independiente. Se desplazaron libremente por Europa yendo de gran obra en gran obra, compartiendo técnicas y estilos. Fueron obreros libres, sin jurisdicción y sin tener que pagar cánones. Ellos son los que prefiguran a los “Francmasones”. Tuvieron su importancia en la Europa de los siglos XII y XIII, aunque esta disminuyó en el siglo XIV en Francia y más tarde sucedió en Inglaterra.

El tránsito de la masonería operativa a la especulativa se hizo por etapas. En un primer momento, las logias de masones operativos acogieron en su seno a “masones aceptados”, en calidad de visitantes y oyentes. Después, al aumentar el número de éstos es cuando la masonería operativa se va transformando en especulativa dejando ya de estar vinculada a un trabajo manual.